sábado, 22 de abril de 2017

Pepe González



Contra la pared

Siempre igual. A pesar de sus esfuerzos, de nuevo saldría malparado, salpicado y con cierto hedor a orín. Pero sus más de dos metros eran una condena.
No volvería a beber, era la única solución.
Y todo, por culpa de los bajos.

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