viernes, 29 de marzo de 2013

Juan Rodríguez DS, el retorno con fuerza

Sensible al drama humano, nuestro creativo alcanza a conmover sin facilitarnos el sollozo, y de ahí que no nos salgan lágrimas de lástima sino de rabia y de enojo.
 
Y restos de lágrimas en las mejillas que no se esforzaba en disimular. Y restos de hambre en el estómago, o a lo peor en el alma, que tampoco quería esconder. De su mano, en la cola del comedor social, la más pequeña de todas que, ajena al dolor de su madre, sujetaba entre sus brazos una muñeca que también lloraba, pero de otra manera. Porque las muñecas lloran sin sufrir, sin saber por qué un corazón de verdad, de los que laten, se rompe en pedazos cuando la vida nos esquiva. Hacía frío ahí afuera… y más allí adentro. 

Las manos frías

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