viernes, 28 de septiembre de 2012

Paloma de Moya, poetisa de buena sombra.

PALOMA DE MOYA.


Esta poetisa sabe saborear como nadie las mieles del dulce fracaso que supone presentar su obra a certámenes de todo tipo para no recibir jamás una respuesta. Y lo prefiere: ¿Qué mejor inspiración para un poeta que la eterna tristeza, el melancólico gesto de andar arrastrando los pies por las aceras, los brazos caídos, los parpados cansados, todos esos efectos que producen sus poemas? De momento, ha escrito dos poemarios, alabados por la crítica de sus compañeros-poetas (también fracasados) del taller de poesía al que acude todos los lunes en la biblioteca. El día que una pequeña editorial toque sus folios y se sienta atrapada por ellos, entonces, ese día, quizás deje de escribir. O quizá no y nos invite a todos nosotros a una buena mariscada.
He aquí un breve poema para deleite de todos.

 
EL BOSQUE
Todo lo que acaba perdiéndose en el horizonte
ha comenzado antes en el bosque:
es decir, el petirrojo o el invierno,
las gotas de lluvia o el rayo destrozando el tronco,
los frutos de los ojos del lobo.
 

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