viernes, 24 de agosto de 2012

Claudio J. Mazza, prosista de verbo ágil (I)

CLAUDIO J. MAZZA (1963)
Este arquitecto bonaerense cualquier día nos gana un premio y, con lo que ha tardado en llegar a nosotros, lo echamos a la primera. Se codea con el mundillo y alimenta las letras con espíritu crítico. Es amante de Philip Roth, pero no se lo echamos en cara porque en el fondo todos tenemos filias y parafilias. Compartía con muchos de los autores malditos la eterna duda sobre el gurruño y el dobladillo, pero zanjó el debate hace tiempo en favor de este último.
Su obra mayor, Suburbana (2011), escrita a golpe de desvelos y madrugones, fue dada a conocer a un selecto grupo de amantes de la semiótica, y fue comentada y desentrañada hasta la última gota -en sentido literal- al punto que al autor se le secó el cerebro. Se repuso al poco y ahora, tras su catarsis humana y personal, ha aceptado que era una obra consistente. La primera persona que narra esta historia oscila de un lado al otro del océano tratando de cerrar episodios e intentando comprender un enorme "¿qué?", lejano y difuso. Todo empieza hace mucho, veamos:

Cuando mi bisabuelo Dante entró en la vieja casa del barrio de Balvanera con un niño de pocas semanas en brazos y se plantó frente a su mujer diciendo: "Este hijo es mío y a partir de hoy también es tuyo; vas a criarlo junto a los que ya tenemos y lo querrás como si lo hubieras parido", mi bisabuela Otilia se quedó mirándolo sin hablar, sin pestañear. Luego tomó al niño en sus brazos, lo besó en la frente y lo acostó en la cuna junto al niño que acababa de parir unos días antes.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

¿Qué te parece esta historia?