martes, 19 de junio de 2012

Juan M. Sánchez, atrevido traductor (I)

JUAN MANUEL SÁNCHEZ (1969)
Filólogo, profesor de francés y de traducción, doctor en literatura con la tesis "El universo femenino en la obra de Guy de Maupassant" (2007). La obra de ficción de este madrileño de Moratalaz es rechazada sistemáticamente: Porque nos hace falta, novela de 2009 cuyo protagonista, un psicópata, recibe un valioso premio que no merece ya que es la obra de Eduard Punset, su amigo de la infancia; Cortoletrajes, compendio de cuentos de 2010 que sirven para enriquecer las charlas de un coctelero con un cliente ciclotímico; Las normas de cortesía, breve relato de 2011 en el que se cuenta cómo un periodista llamado M.A. Aguilar se fuga de la cárcel gracias a la amabilidad. Como último intento, desde 2012, se las ve con con la aún inacabada historia de dos grandes personajes, Maupassant y Tesla, que coinciden cuando ambos se sienten capaces de cambiar el mundo. Se llamará Luces que parpadean, probablemente. También traduce canciones universales con las que, irremediablemente, fracasa.


El gorila, traducción simiesca del gran clásico Le gorille, de Georges Brassens.

A través de gruesos barrotes
Todas las hembras del lugar
Observaban a aquel gorila
Sin miedo alguno al qué dirán;
Las mujeres, con desvergüenza,
En cierta parte se fijaban,
Y mi madre me ha prohibido
Citarla aquí —qué imaginaban—.
¡Ojo al gorila!

De pronto la celda cerrada
Donde vivía el fiero animal
Se abre, —no sé, yo supongo
Que debieron de cerrarla mal—;
El mono saliendo de ella
Dijo: “hoy sí la pierdo, ya está”.
Supongo que ya lo saben,
Hablaba de su virginidad.
¡Ojo al gorila!

El domador de aquella fiera
Gritaba con desesperación:
“Este mono no conoció hembra,
esto va a ser la perdición”.
Cuando las hembras se enteraron
De que el gorila era doncel
A sus casas regresaron
Para alejarse de él.
¡Ojo al gorila!

Ellas mismas que algo antes
Lo miraban con delectación
Huyeron de ahí demostrando
Que no tenían mala intención;
Es más, bien vano era su miedo,
Ya que el gorila es un patán,
Aunque mejor que ciertos hombres,
Muchas mujeres os lo dirán.
¡Ojo al gorila!

Todo el mundo ya se ha alejado
del mono en celo tras la reja
Salvo una decrépita vieja
Y un bisoño juez togado.
El primate corre sin freno
Viendo el campo despejado,
En dirección de los faldones
De la vieja y del magistrado
¡Ojo al gorila!

“Ah —suspiró la centenaria—,
Que aún me puedan desear
Sería una cosa extraordinaria,
Sorprendente y mucho más”.
Y así el juez exclamó impasible:
“Tomarme por ese, creo yo,
Es totalmente insostenible”,
Pronto comprobó que no.
¡Ojo al gorila!

Pónganse usted por un momento
En lugar del confuso simio:
¿Violar a un juez o a un ancestro?
No es un plebiscito nimio.
Si yo fuera el mono, lo admito,
Y lo digo con ponderación,
Esa vieja sería, seguro,
El objeto de mi elección.
¡Ojo al gorila!

Pero, por desgracia, el gorila,
Aunque dotado y de gran prestancia,
Es cierto que muy poco brilla
Por su buen gusto y su elegancia,
Ya que, en vez de optar por la vieja,
Como habría hecho cualquiera,
Agarró al juez por la oreja
Y se lo llevó a una ribera.
¡Ojo al gorila!

El resto sería gracioso,
Pero, por desgracia, no puedo
Contarlo, pues es penoso,
Aunque te ríes un huevo;
Ya que en el momento supremo,
“Mamá”, gritaba su señoría,
Como aquel reo cuyo cuello,
El juez mandó cortar un día.
¡Ojo al gorila!

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